Antes de que existiera el restaurante, existió el trabajo de nuestros fundadores, Salvador y Pepa. Él nunca tuvo un solo oficio: se ganó la vida en el campo como jornalero, siendo el primer policía local del pueblo, llevando las medicinas a quien las necesitaba, o encalador cuando hacía falta un jornal más. Ella, desde niña, ayudó a criar a sus hermanos pequeños siendo la mayor, recogió algodón, trabajó en los arrozales, sirvió mesas. Ninguno de los dos había tenido nunca un solo oficio, porque en aquellos años se hacía lo que hiciera falta.

Nuestros orígenes

La "abuela Pepa" trabajando en los arrozales

En 1982, ese instinto de no parar se convirtió en una churrería, pequeña, junto a su propia casa. La llevaban entre los dos, y pronto empezaron a arrimar el hombro sus hijos, Fran y Juan, todavía casi niños, y también la madre de Pepa, que vivía con ellos y no sabía estarse quieta. Cuando la churrería empezó a servir comidas, fue Pepa quien se metió en la cocina. Fue ahí, sin más pretensión que dar de comer bien, donde nació el Cordero de Benahavís — el plato que, sin que nadie lo planeara, acabaría siendo el nuestro.

Salvador y Pepa frente al bar/restaurante

El resto es una historia de manos. Unas fregando, otras cocinando, otras en la sala. Con los años Fran y Juan fueron creciendo dentro del negocio — uno en la cocina, junto a su madre, el otro en la sala, junto a su padre — y poco a poco se fueron sumando más manos todavía: nueras, sobrinos, quien hiciera falta. El restaurante dejó de ser solo un negocio: era donde estaba la familia entera.

Fran y Juan de niños

Los años no siempre fueron fáciles. La familia atravesó pérdidas duras, primero la de Fran, y poco después la de Salvador, y fue entonces cuando Mari, la mujer de Fran, dio un paso al frente y se hizo cargo del restaurante junto a su cuñado Juan — dos personas sosteniendo, entre las dos, todo lo que la familia había construido hasta entonces.

Hoy, más de cuarenta años después de aquella churrería, Los Abanicos sigue siendo lo que siempre fue: un negocio de familia, llevado por familia. Juan y Mari siguen al frente, y a su lado ha empezado a dar sus primeros pasos Diego, el hijo de Fran, que representa ya la tercera generación de esta historia. La misma que empezó con una churrería junto a una casa sigue, hoy, escribiéndose hacia adelante.